El sábado fui a un concierto de Camera Obscura y comprobé que Tracyanne, la cantante, sí sabe sonreír. ¿Cómo se pueden hacer canciones así y cantarlas sin que las comisuras de los labios se te vayan para arriba?
Y como desde el lunes de la semana pasada tengo pegada esta canción en la cabeza (vale, sólo el estribillo) y además tiene un bonito video (que haría las delícias de cualquier miembro de los que proclamaban su amor casto a Laura, sí), he decido compartirlos. Siempre es mejor disfrutarla en directo, con globos rojos cayendo del cielo (vale, de una sábana cutre enganchada al techo), pero el video de youtube will do :P
Además he descubierto que tienen un blog donde explican sus anécdotas en la gira, ¿qué majos no?
Y qué suerte que un dia compré un disco suyo, sólo porqué me gustó la portada.
También tocó Christina Rosenvinge. No más de 6 canciones y una versión del Halleluya de Jeff Buckley. Cara de pocos amigos y una voz susurrante que irá de p.m. para cantar canciones tristes y atormentadas (que ya me gusta) pero no para que se la entienda o oiga cuando habla. Entendí más a los de Camera Obscura, y eso que hablan inglés! Y durante el concierto... soy capaz de reproducir antes cualquier segmento de la conversación de los de al lado antes que una parte de la letra de la señorita. ¿Cómo debe sentirse uno cuando canta y nadie del público parece prestarle atención? Supongo que para ella, será algo así como "bah, total, ningún artista que se precie es profeta en su tierra. En NYC eso no pasa". Ya que casi no pude escucharla, ahí va su último single: A Liar to Love.
19 diciembre 2006
Lloyd, I'm ready to be heartbroken
De desarraigo y cabos sueltos.
Estarán de acuerdo en que el mundo no es una realidad sino nuestra construcción de ella. También lo estarán, y permítanme el reduccionismo, en que “mi mundo” lo conforman los inputs de información externa y cómo cada uno los procesa. Analicemos, pues, en qué mundo vivo yo.
Llevo semanas sin ver o escuchar noticias. De los periódicos, sólo leo las secciones de cultura y espectáculos, algunas columnas de opinión de cabecera y hojeo los suplementos. Mi principal fuente de información (y diversión) es Minoria Absoluta, un programa de “humor y sátira política”, dicen, y pequeñas dosis del programa de Eva Hache. Nada serio. No soy asidua a ninguna revista en especial: la Vogue en la peluquería (cómo me gusta ser mujer; por poco que pueda me abstengo de Holas, Lecturas, etc., aunque ¿quién puede negar un vistazo a los comentarios altamente ingeniosos del Qué me dices?), todas las gratuitas que pillo por ahí y alguna psedocultural-fashioneti o musical de vez en cuando.
Adentrémonos en lo que podríamos denominar “mi universo ficcional”, aunque no suela gustarme diferenciar realidad de ficción (*). De dónde se supone que salen parte de nuestros referentes emocionales y parte de la materia prima que conforma nuestra identidad.
Nunca he visto un capítulo entero de Los Serrano o más de dos de Aquí no hay quién viva, pero me he tragado temporadas y temporadas de las más diversas series. Sin ánimo de ser pedante, había visto todo Queer as Folk antes de que se emitiera en Cuatro. Todo Lost y Desperate Housewives antes de que las empezaran en TVE. Sigo Dexter, Studio 60 on the Sunset Street y Weeds, sin que nadie de los que conozco haya oído hablar de ellas. Y estoy esperando ansiosa (lo justo) la siguiente temporada de The IT Crowd o The L Word. Gente como Brian y Michael, Charlie y Locke, o Bree y Susan tienen la misma importancia para mí que para mi madre los personajes del Cor de la Ciutat (serie de la televisión catalana, que también sigo a intermitencias) u otro culebrón cualquiera como el de La Pantoja (así, con el artículo en mayúsculas) y Julián Muñoz.
No veo Gran Hermano, casi no sigo Operación Triunfo y me he perdido Supermodelo 2006, pero me he tragado 3 temporadas de America’s Next Top Model. Soy capaz de hacer más bromas sobre Tyra Banks (presentadora del reality de modelos) y sus “next top models” que de los Bisbales y Rosas 2, 3 y 4, aunque cuando se me ocurren no tengo a quién hacérselas. Por supuesto, hay foros en internet para opinar sobre todas estas series. Pero una, que no es fan del feedback ni de preguntar en clase, sólo pasa por ahí de paseo, de puntillas y sin dejar rastro. Me bajo podcasts de Lost y me doy cuenta de que también hay gente en “mi lado”. Pero acabo escuchando a unas chicas de Alburquerque comentando otra serie y de repente oigo nombres de ciudades que ni me suenan de las películas americanas y bromas sobre anuncios y productos desconocidos que no entiendo, y me pregunto... ¿en qué mundo vivo? ¿En qué lugar?
La mayoría de mis referentes me sitúan, por defecto, en Catalunya y en España, pero ¿qué pasa con el resto? ¿Dónde encaja que conozca el acento del sur de nosequé región de Estados Unidos porque Tyra no deja de repetir a una de sus next-top-models que debe corregirlo?
Si mi universo referencial me separa de la realidad en la que vivo, ¿vivo en una burbuja? ¿Es mala esa cierta sensación de desarraigo? Necesito el orden, poner cosas en cajitas y conectar piezas entre sí, pero ¿qué hago con los cabos sueltos?
Diversificación de canales temáticos, TiVO en lugar de una parrilla de programación cerrada, iPODs en lugar de radios, do it yourself, customización, exclusividad...
Si cada vez más adaptamos nuestro consumo cultural e informativo a nuestras preferencias, intereses o gustos, ¿cómo vamos a compartir un entorno? Si el mundo es cada vez más personal cómo sé a dónde o a qué pertenezco? ¿O es que nos gusta creernos homeless?
Tampoco es cierto que la posibilidad de acceder a TODA la información de TODO el mundo (generalizando, claro está) nos acerque, más bien nos separa. La personalización nos aisla, nos dibuja más como individuos que como seres sociales. ¿Cómo ser individuos en sociedad cuando la misma sociedad nos empuja hacia fuera de ella, hacia nuestro interior?
Para mí, no es cierto que porque una película lleve el sello de “basado en una historia real” (frase que incomprensiblemente lleva a mi madre a afirmar "ah, esta peli puede ser bonita" y a verla, por más bodrio-de-domingo-tarde-en-antena3 que sea), deba a afectarme más que si no lo fuera. Toda ficción tiene algo de realidad y viceversa.