31 enero 2006

a skin too few


El sábado por la mañana descubrí a Nick Drake. Hago un posgrado de crítica de cine y música y nos pusieron el documental “A skin too few”. Empieza como cualquier documental póstumo: fotos en blanco y negro de un joven con la mirada perdida. Primero la típica foto de la universidad, luego otra en la que sale tocando la guitarra. Mi deducción: es un músico y está muerto. Lo primero era obvio, lo segundo... ¿Porqué pensé eso? Acerté. El desfile de familiares y compañeros de la discográfica lo confirman más adelante y se esfuerzan en relatar su vida: “era así y asá... pasó esto y lo otro”.
Me quedo con dos hechos significativos que se narran el documental:
- La sorpresa de su hermana cuando Nick le presentó su primer disco. No sabía ni que hacía música.
- Después de grabar el disco va a Londres, pero no soporta la ciudad. Hace algunos conciertos en pubs, pero no consigue hacer callar a la gente para que le escuchen.

Depresivo, ensimismado... palabras como estas se van oyendo una y otra vez en el documental hasta que una habitación vacía de paredes austeras con una ventana helada sugieren su final: el suicidio.

Sigo sin conocer a ese hombre. Pero me quedo con la impresión de que él no era, o no quería ser uno de esos mártires del rock, uno de esos personajes cuya religión reza “vive deprisa y muere joven para poder dejar un bonito cadáver”. Tampoco era uno de esos niños de “origen humilde” (*) que salen de la pobreza gracias a su música, pero que siguen jodidos por su pasado y no pueden soportar el éxito. Más bien lo tenía todo para ser feliz, o lo que sea que eso signifique: una familia que le quería, estudios pagados en la universidad, una carrera prometedora en la música...
Debe ser que sí existen juguetes que nacen rotos. Hay piezas que simplemente no encajan. Y no hay a quién culpar.

Parece que nunca nadie le llegó a conocer: su propia hermana no supo que componía y cantaba hasta que ya había grabado su primer disco. Su presencia era tan pequeña que la gente de los pubs prefería charlar a oírle cantar; a escucharle cuando expresaba su yo más íntimo. Y si no llamas la atención ni cuando desnudas tu alma... duele.

Y es que como dice el título, Nick Drake, ese chico del que ahora busco información y bajo música, debió nacer con la piel demasiado fina, con el caparazón demasiado blando. Cuando uno se magulla como un melocotón es difícil esquivar los golpes. Cuando el paso de un gorrión es más firme que el tuyo, la mirada de la sociedad es un enemigo demasiado fuerte.

Os dejo con un trocito de su música Northern Sky y con la versión que hicieron Los Planetas.





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* no acabo de entender porqué las enciclopedias se empeñan en utilizar estas palabras –¿eufemismos?- para referirse al hecho de pertenecer a una familia pobre. ¿Es que la humildad es sólo patrimonio del pobre?¿No se puede ser rico y humilde? Ya os contaré qué tal si alguna vez soy rica :P

29 enero 2006


A
está con B, quiere a B. Tienen lo que técnicamente se llamaría "una
relación de pareja". No les va mal, incluso se diría que bien. Además,
se dice, se comenta... que "hacen buena pareja". Sin embargo, A se lía
con C, por tercera vez. Nada nuevo, esas cosas pasan: en las malas
películas de sobremesa y en la vida. Indiscutible.
A me explica que sabe que la está jodiendo (lo que tiene con B y,
sobretodo, a ella misma), que lo pasa mal pero que, en palabras dignas
del mejor Conde de Valmont, "no puede evitarlo". Atracción (sexual),
le llaman. Una putada para B, sí, pero disculpadme si yo sólo me
preocupo por A, mi amiga.

Es extraño... ¿Por que cuando las cosas nos van bien, no las
arreglamos para joderlas? ¿Somos incapaces de disfrutar de lo bueno
cuando lo tenemos? ¿Acaso creemos que no lo merecemos? A eso puedo
responder ya: es mentira. ¿Que tampoco lo merecen otros? Debe ser por
eso que a menudo la felicidad ajena nos parece sospechosa.

Quizá el dolor sea más llevadero que la felicidad.
El conflicto es productivo, invita a evolucionar; la felicidad es
pasiva, nos estanca.

Bueno, en realidad aquí lo único que importa -*modo irónico*, se
entiende- es que, al irse de la discoteca A con C (sin estar B), yo me
quedé tirada y tuve que ir a dormir a casa de D. Y, como todo el mundo
sabe, la respuesta D es siempre "ninguna de las anteriores" u "otros".
Ggrrr.

19 enero 2006

TAL VEZ, Le Diablo Mariachi



Tal vez me acerque a alguien y le explique que la sombra del mundo es alargada, y que los sauces no lloran, que nos lo hemos inventado nosotros.
Tal vez me acoja a la quinta enmienda y alegue enajenación mental,
o callosidades plantares, no lo sé.
Tal vez consiga descifrar el código, no lo descarto, uno facilito, tampoco hay que pasarse.
Tal vez me meta en ese agujero y no salga nunca, a no ser que alguien me lo pida o haga demasiado frío o necesite estira las piernas.
Tal vez insista, y contribuya a oficializar la mentira, la piadosa, claro está, las otras no engañan a nadie.

Tal vez escoja el infierno y no me queme, y me cague en Dios y no me equivoque.
Tal vez me canse de acatar y me dedique a manifestarme ante los tribunales para que aumenten de tres a cinco, o a seis, o a siete si es posible, las cosas que puedo llevarme a una isla desierta.
Tal vez resulte que es cierto y lo de menos sea el resultado, y los medios justifiquen el fin, y el Oso Yogui se esté pudriendo en un geriátrico.
Tal vez.

De animales y bichos...

- Apretar el culo y emitir luz. Curiosa habilidad la de las luciérnagas.

- Quisiera, como los tiburones, tener tres hileras de dientes, para poder masticar bien y tragarme el orgullo, bien troceado almenos.

- No juegues nunca con una hormiga al tres en raya. Por muy rápido que seas al escoger la redonda, ella tiene la partida ganada de antemano.

- Detesto pensar que los perros del papel higiénico me lamen el culo.