A está con B, quiere a B. Tienen lo que técnicamente se llamaría "una
relación de pareja". No les va mal, incluso se diría que bien. Además,
se dice, se comenta... que "hacen buena pareja". Sin embargo, A se lía
con C, por tercera vez. Nada nuevo, esas cosas pasan: en las malas
películas de sobremesa y en la vida. Indiscutible.
A me explica que sabe que la está jodiendo (lo que tiene con B y,
sobretodo, a ella misma), que lo pasa mal pero que, en palabras dignas
del mejor Conde de Valmont, "no puede evitarlo". Atracción (sexual),
le llaman. Una putada para B, sí, pero disculpadme si yo sólo me
preocupo por A, mi amiga.
Es extraño... ¿Por que cuando las cosas nos van bien, no las
arreglamos para joderlas? ¿Somos incapaces de disfrutar de lo bueno
cuando lo tenemos? ¿Acaso creemos que no lo merecemos? A eso puedo
responder ya: es mentira. ¿Que tampoco lo merecen otros? Debe ser por
eso que a menudo la felicidad ajena nos parece sospechosa.
Quizá el dolor sea más llevadero que la felicidad.
El conflicto es productivo, invita a evolucionar; la felicidad es
pasiva, nos estanca.
Bueno, en realidad aquí lo único que importa -*modo irónico*, se
entiende- es que, al irse de la discoteca A con C (sin estar B), yo me
quedé tirada y tuve que ir a dormir a casa de D. Y, como todo el mundo
sabe, la respuesta D es siempre "ninguna de las anteriores" u "otros".
Ggrrr.
29 enero 2006
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