Tengo 23.
Ya tengo 23.
Aún tengo 23.
Sólo tengo 23.
¿Con cuál me quedo?
Con el número, a secas.
.23.
El sábado cumplí 23 años.
¿Qué se celebra exactamente en un cumpleaños? Ha pasado un año más. ¿Tiene algún mérito el seguir ahí, el aguantar el paso del tiempo, si no depende de tí?
¿Por qué esperamos que ese día sea especial, cuando nada lo diferencia de los otros? Además, la gente te obliga a estar alegre, ¿por qué?
El caso es que este año he dejado de preguntar qué hay en mi vida que merezca ser celebrado y he ido a mi fiesta de cumpleaños, con mis amigos. Hacía años que no tenía una fiesta de cumpleaños. EN una de las últimas que recuerdo, había confetti y un niño que mezclava coca-cola con fanta. Mmm... Sí, creo que me alegro de que haya pasado el tiempo :)
"Gracias por venir" ;)
17 octubre 2005
08 octubre 2005
Así, al tun tun, sin revisar... una palabra tras otra. A ver que sale.
Nada. Eso. Los hechos se confunden, se expanden, se convierten en mariposas con tres alas, como esos peces radioactivos de los dibujos, con tres ojos. El del centro para ver el mundo, los otros para decorar, para acompañar. No sirven, pero existen. Se cierran y abren, como las puertas automáticas de la oficina. ¡Como deseas que mañana no se abran y no puedas entrar! Y harías otras cosas. Todo aquello que siempre has querido, aunque nunca te hayas parado a pensar que es. Ya pensarías en algo, mejor no lo hagas ahora. La espontaneidad es un valor añadido, un positivo en forma de punto verde, como los que te ponía la profe de mates en el cole. Cuando ella se giraba, tu corrías a borrar esa medalla, ¿para que ser avergonzada enfrente de toda la clase? Demasiado listilla para tus compañeros, demasiado avispada como para no darte cuenta de ello. “Haz que tus padres se sientan orgullosos de su niña. Y los profesores de su alumna.” Pupitres. Dos sillas pegadas con sus correspondientes cajones. Siempre de dos en dos. Es para la pareja, que nos prepara la sociedad. Los únicos que se sientan solos son los malos alumnos, cuando los castigan, y les atan a la silla. ¿Mesas de tres o más? Tampoco. Las orgías infantiles sólo estan permitidas para un trabajo en grupo, donde la cooperación es lo más importante. Aunque siempre haya un líder y un pringado. Placer y sufrimiento. Como en todo. A veces incluso a la vez. Bueno, eso no lo sé. Miro por la ventana y el pez me guiña el ojo derecho, el más inútil. Nada que ver con política. Extraño símbolo, sin embargo. Paso a la siguiente canción. Sabina enumera los motivos que le sobran. Pruebo con la siguiente. Aha, Take on me. Recuerdo ese videoclip. Personas que se vuelven personajes, bocetos a lápiz. Siguiente, sólo por curiosidad. Gran invento eso del “random”. Los inventores lo han pillado. No nos gusta el esfuerzo de decidir, ni siquiera cual será la siguiente canción. Si nos ahorramos este esfuerzo tan simple, por pereza, ¿como vamos a poder con el resto? Cada vez más cómodos, cada vez mejores, cada vez más débiles. No es cierto que sobreviva el más fuerte. A lo que iba... Next, y... el mp3 me juega una mala pasada. ¡Tío, a veces me avergüenzas! Esta canción no la pongo, ala. Mmm... Aprieto el next, tres veces y que sea lo que Dios quiera. O mejor no, que lo decida otro, no me fío de ese tal Dios. Lo siento, chaval, te has ganado mala fama. Quizá inmerecida, pero tienes pocos representantes decentes aquí en la Tierra. 1, 2, 3... Alanis Morissette, You oughta know (versión acústica). Perfecto, ya puedo subir las escaleras y tumbarme en la cama. Buenas noches. And every time you speak her name. Does she know how you told me you'd hold me. Until you died, till you died. But you're still alive.
01 octubre 2005
En un nuevo concierto / De nuevo en ese concierto
Els Pets fueron mi primer concierto. Estuve todo el rato sentada con mi prima mayor en unas gradas. Me daba miedo ponerme entre la gente, esos gigantes me hubieran pisoteado. Con esta gira celebran 20 años y yo celebro unos cuantos con ellos. Tengo 22.
Empieza el concierto y poco a poco me invade cierto desasosiego. Hay tantas cosas que siguen igual... y tantas otras que cambian... Estoy con dos amigos, una pareja, y en ciertos momentos, siento como si estuviera sola. Anna i Cris, dos amigas con las que fuí a la gira "Vine a la Festa", hace 10 años, ya no están a mi lado, saltando y gritando hasta quedar afónicas. No están en el concierto ni tampoco en mi vida. Con una hace años que no me hablo si no es por compromiso y con la otra he perdido el contacto. Horas antes del concierto me he imaginado llamándola y invitándola a venir. "Hola, soy A., ¿te acuerdas? Nada que... voy a un concierto de Els Pets, ¿te apuntas?". Suena extraño, inverosímil. El cantante grita "encara que no t'ho creuràs, prometro trucarte demà" ("aunque no te lo creas, prometo llamarte mañana"). Y esa llamada no realizada duele.
Mis labios repiten instintivamente las letras de casi todas las canciones. Algunas fluyen indiferentes, como si se tratara de un padre nuestro aprendido y repetido por educación. Otras, cobran sentido por primera vez. "Diran que sóc massa jove per fer-me gran, no puc fer-hi més..."( "dirán que soy demasiado joven para hacerme mayor, que le voy a hacer"), me empuja hacia atrás, a un rincón al que me agarro fuerte con las manos, mientras el curso de la vida tira de mis pies, echándome fuera. A la calle, en pelotas.
Suena "Vespre". Mis amigos no se la saben y casi me siento ofendida, aunque sin derecho alguno. Procuro que no se me note. Cierro los ojos, dejo de cantar y me traslado años atrás. Oigo la multitud con voz de niña repitiendo la misma frase que yo había cantado tímidamente en los campamentos de verano, la misma que sonaba en el cd en directo. Los mismos acordes, la misma tristeza y el lloro de la guitarra. Instantes vividos e idealizados. Quisiera que desaparecieran todos y llorar. Por lo perdido, por lo que soy y por lo que vendrá. El recuerdo, el ahora y el miedo se mezclan y lo llenan todo. "¿Qué te pasa?", pregunta mi amigo. Estoy a punto de confesarlo todo, a gritos: que no estoy allí, que no quiero estar con ellos... ¡que quiero llorar!. Pero como no suelo dejarme llevar, mi respuesta se queda en un "Nada". Vacío, pero satisfactorio para ellos.
"Jo vull ser rei". Me traslado a primera fila y me convierto en una de esas niñas de 15 años. Me pongo esa camiseta que he dejado, avergonzada, en el cajón de mi casa cuando me vestía. Es del "Club de Fans de Els Pets", de cuando yo fui "fan", o algo parecido. Salto, canto, bailo, grito y todo lo demás desaparece. Con una canción del último disco vuelvo en sí y me encuentro de nuevo al lado de mis amigos. M. la conoce y empieza a cantarla conmigo. Yo sólo canto el estribillo y balbuceo algunas palabras del resto, mientras deseo que la siguiente sea una de las "antiguas". Y así es: "El silenci criminal". No la había escuchado en directo desde ese-mi-primer-concierto. Sigo el ritmo de la guitarra, lo doy todo. Por ese concierto, por celebrar que sigo aquí, cantando la misma canción. Hasta que me doy cuenta que sólo la cantan los de atrás. Tienen unos treinta-i-tantos, como cantaba Loquillo. Más que yo. Y de repente, siento no encajar. No encajo en primera fila, con las de 15 años, yo ya estuve allí; y tampoco encajo con los de 30, esas canciones ya estuvieron allí, para mí, pero nunca las bailé en un concierto. Soy un eslabón perdido.