Acabo de volver de un concierto. Els Pets. Un grupo -permitidme el reduccionismo, aquellos que los conozcan- de rock catalán, de la época Sopa de Cabra, Lax'n'Busto, Sau, etc. Crecí con ellos y les tengo cariño. Probablemente si los escuchara ahora, sólo serían otro grupo más. Pero han hecho historia, en la música catalana y en mi vida. Aunque a veces me avergüence reconocerlo.
Els Pets fueron mi primer concierto. Estuve todo el rato sentada con mi prima mayor en unas gradas. Me daba miedo ponerme entre la gente, esos gigantes me hubieran pisoteado. Con esta gira celebran 20 años y yo celebro unos cuantos con ellos. Tengo 22.
Els Pets fueron mi primer concierto. Estuve todo el rato sentada con mi prima mayor en unas gradas. Me daba miedo ponerme entre la gente, esos gigantes me hubieran pisoteado. Con esta gira celebran 20 años y yo celebro unos cuantos con ellos. Tengo 22.
Empieza el concierto y poco a poco me invade cierto desasosiego. Hay tantas cosas que siguen igual... y tantas otras que cambian... Estoy con dos amigos, una pareja, y en ciertos momentos, siento como si estuviera sola. Anna i Cris, dos amigas con las que fuí a la gira "Vine a la Festa", hace 10 años, ya no están a mi lado, saltando y gritando hasta quedar afónicas. No están en el concierto ni tampoco en mi vida. Con una hace años que no me hablo si no es por compromiso y con la otra he perdido el contacto. Horas antes del concierto me he imaginado llamándola y invitándola a venir. "Hola, soy A., ¿te acuerdas? Nada que... voy a un concierto de Els Pets, ¿te apuntas?". Suena extraño, inverosímil. El cantante grita "encara que no t'ho creuràs, prometro trucarte demà" ("aunque no te lo creas, prometo llamarte mañana"). Y esa llamada no realizada duele.
Mis labios repiten instintivamente las letras de casi todas las canciones. Algunas fluyen indiferentes, como si se tratara de un padre nuestro aprendido y repetido por educación. Otras, cobran sentido por primera vez. "Diran que sóc massa jove per fer-me gran, no puc fer-hi més..."( "dirán que soy demasiado joven para hacerme mayor, que le voy a hacer"), me empuja hacia atrás, a un rincón al que me agarro fuerte con las manos, mientras el curso de la vida tira de mis pies, echándome fuera. A la calle, en pelotas.
Suena "Vespre". Mis amigos no se la saben y casi me siento ofendida, aunque sin derecho alguno. Procuro que no se me note. Cierro los ojos, dejo de cantar y me traslado años atrás. Oigo la multitud con voz de niña repitiendo la misma frase que yo había cantado tímidamente en los campamentos de verano, la misma que sonaba en el cd en directo. Los mismos acordes, la misma tristeza y el lloro de la guitarra. Instantes vividos e idealizados. Quisiera que desaparecieran todos y llorar. Por lo perdido, por lo que soy y por lo que vendrá. El recuerdo, el ahora y el miedo se mezclan y lo llenan todo. "¿Qué te pasa?", pregunta mi amigo. Estoy a punto de confesarlo todo, a gritos: que no estoy allí, que no quiero estar con ellos... ¡que quiero llorar!. Pero como no suelo dejarme llevar, mi respuesta se queda en un "Nada". Vacío, pero satisfactorio para ellos.
"Jo vull ser rei". Me traslado a primera fila y me convierto en una de esas niñas de 15 años. Me pongo esa camiseta que he dejado, avergonzada, en el cajón de mi casa cuando me vestía. Es del "Club de Fans de Els Pets", de cuando yo fui "fan", o algo parecido. Salto, canto, bailo, grito y todo lo demás desaparece. Con una canción del último disco vuelvo en sí y me encuentro de nuevo al lado de mis amigos. M. la conoce y empieza a cantarla conmigo. Yo sólo canto el estribillo y balbuceo algunas palabras del resto, mientras deseo que la siguiente sea una de las "antiguas". Y así es: "El silenci criminal". No la había escuchado en directo desde ese-mi-primer-concierto. Sigo el ritmo de la guitarra, lo doy todo. Por ese concierto, por celebrar que sigo aquí, cantando la misma canción. Hasta que me doy cuenta que sólo la cantan los de atrás. Tienen unos treinta-i-tantos, como cantaba Loquillo. Más que yo. Y de repente, siento no encajar. No encajo en primera fila, con las de 15 años, yo ya estuve allí; y tampoco encajo con los de 30, esas canciones ya estuvieron allí, para mí, pero nunca las bailé en un concierto. Soy un eslabón perdido.
Al poco rato dejo de pensar y disfruto, que para eso he venido, ¡coño!
0 comentarios:
Publicar un comentario en la entrada