16 julio 2005

En relación a mi penúltimo post i el de illa...

Al pensar en la dificultad, que al parecer compartimos más de uno, para mostrar el afecto que sentimos, he recordado una anécdota que me ha hecho pensar y preguntarme:
¿Tan cerrada soy con la gente que me importa?
Debo serlo...

Hace unos pocos años escribí un monólogo para la Universidad. Era la carta de una madre que abandona a su hija en el portal de una familia para que la cuiden. Sabe que con ellos vivirá una vida mejor que la que ella pueda ofrecerle. Dicho así parece una mala película de sobremesa (como me gusta esta palabra :P ) de antena 3, pero no estaba mal.
No digo más. Si me veo obligada, por aclamación popular, a poner el texto completo, ya lo haré...
Mi madre encontró el texto y lo leyó. “¿Qué es esto, lo has escrito tú?¿Cómo puede ser?”. Si estas no fueron sus palabras exactas, sonaron igual. Le extrañó enormemente que eso lo pudiera haber escrito yo. Yo, “esa persona tan terca y poco tierna" o algo así. Supongo que en el texto vió una ternura, sensibilidad, emotividad... inusuales en mí.
Alagador: el texto la emocionó.
Decepcionante: no podía cree que eso hubiera salido de mí.
Lo curioso es que cuando entregué el texto, junto con otros, la profesora también me dijo que estaban bien y que "la había sorprendido". Exactamente con estas palabras, eso sí lo recuerdo. Me marché con una sonrisa, que poco después se torció. Acabé preguntándome si eso último que había dicho era del todo bueno. Era una alumna callada sí, pero ¿cómo para sorprender por mostrar un poco de sensibilidad?
¿Cómo para sorprender incluso a mi madre?

No sólo hay que aprender a querer, hay que aprender a transmitirlo. Nos queda toda una vida para hacerlo.